La Chaya es una celebración que mezcla la alegría y el dolor

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La Chaya es una divinidad diaguita que significa “agua de rocío”. Es un rito de alegría y de acción de gracia por la cosecha recibida. Esta ceremonia se caracteriza por el juego con harina y agua.


La cultura diaguita estaba inmersa en una profunda religión natural que giraba alrededor de un cierto número de pequeñas divinidades caseras, populares, inspiradas por las necesidades elementales de una existencia sencilla, entre esas divinidades se encontraba la Chaya, diosa de la lluvia y el rocío.

El indio veía muy cercanos a sus dioses, por lo que tenían ritos muy simples, a los cuales acompañaban con rezos o invocaciones, un ejemplo de ello, lo constituye el momento feliz de la cosecha, realizada en febrero, cuando con la chicha y la aloja agradecían a la Pachamama (madre tierra).

Este es el origen de la Challa (Chaya), un rito religioso celebrado por la tribu Ayllu, que busca homenajear a la diosa de la lluvia y el roció, para recordarle que cada febrero tiene que regresar a La Rioja para seguir siendo venerada.

Al final del ritual los hermanos de la tribu comparten mojándose mutuamente con agua y empolvándose unos a otros con harina de maíz. En relación a ello, María Argüello en “La Chaya de La Rioja: ensayo” comenta que “allí se desparrama harina, y en épocas pasadas se estilaba una exquisitez, el almidón de trigo o la perfumada albahaca, colocada detrás de la oreja, símbolo supersticioso y adorno a la vez que significaba que la Chaya había llegado”.

Asimismo, agrega que “la harina o el almidón que recibe el rostro, parece como una careta y es la presencia fúnebre del alma, su blancura así lo está indicando”.

Por su parte, Joaquín Víctor González en el libro “Mis Montañas”, describe a los festejos, estableciendo que “enciende los corazones, despierta la gracia y el entusiasmo, da ligereza a los cuerpos, alegría inusitada a los espíritus y alma a las musas de los poetas criollos, para improvisar y adular canciones que sacan de quicio a los caracteres más torvos y huraños”.

LEYENDA
Los primeros españoles llegados a esta tierra, según establece la tradición, se encontraron con una fiesta singular de agua y danza que celebraban los diaguitas.
En la madurez del verano una niña india muy hermosa un día dolida de tristeza por su amor imposible hacia el Pujllay, príncipe alegre y juguetón, desapareció en la montaña y se convirtió en nube.

Nube que cada año vuelve para alegrar la tierra y la tribu, y se posa en forma de roció en los pétalos de la flor de cardón.

Es por ello, que la tradición popular la llamo Chaya, “agua de rocío”, que además seria la búsqueda ancestral de aquella diosa india en la perenne espera riojana de la nube y del agua, signo de vida.

La Chaya tiene en realidad un sabor alegre y triste a la vez, así lo afirma Martín Horacio Gómez en su obra Chaya riojana: leyenda, sueño y realidad, “al culminar con su recuerdo y sus ritos de agua y harina de maíz, la celebración de las cosechas tiende a convertirse en grito, mezcla de alegría y de raro dolor”.

PUJLLAY
Es una voz cacana que significa jugar, bromear, alegrarse. Se personaliza en un héroe ridículo, un muñeco de trapo, desarticulado y andrajoso.

Es la figura del antiheroe sufriente y resignado por no poder concretar su amor con la niña Chaya, a causa de ser un joven bello e impetuoso pero cabeza hueca que logró la oposición de los viejos de la tribu.

Desilusionado se dedica a la borrachera hasta que un día muere quemado en el fogón de una fiesta. Martín Horacio Gómez describe la tragedia diciendo que “anda errante por los montes buscando la huella de la bella indiecita. Llega a las tribus en afligido anhelo, cuando éstas se reúnen para la cosecha. Allí comparte la alegría, indaga entre los jóvenes, se emborracha de pena y soledad. Un día cae al fuego y muere porque su búsqueda no tiene sentido”.

Es una tragedia de sabor griego que hoy se representa con la quema del Pujllay y en su entierro que simboliza el final del carnaval.

Tradicionalmente el antihéroe no era quemado sino enterrado. La gente del pueblo cavaba un pozo que representaba el sepulcro de este príncipe indio, en una ceremonia con música, llantos simulados, jadeos, gritos y risas. A todos esos elementos luego se le sumó la quema de cohetes y el juego con harina, almidón y talco.

Por otra parte, la quema del Pujllay nace en la capital de la provincia, y al igual que en el entierro se juega con diferentes elementos que recrean un ambiente de alegría y sufrimiento.

CORONACIÓN Y TOPAMIENTO
Los protagonistas de este ritual son dos amigos o amigas que se tienen mucho afecto y desean convertirse en cumpas (compadres) y cumas (comadres).
La ceremonia es preparada con mucho tiempo de antelación desde la elección del cumpa y la cuma, hasta la ornamentación de la calle más ancha o lugar espacioso del barrio o pueblo.

A una hora determinada los protagonistas de la ceremonia salen de sus casas rumbo a realizar el topamiento. Cuando los separa unos cincuenta metros de distancia, las comadres empuñan tambores y cantan vidalitas, bailando entre saltos proceden a toparse bajo el arco.

En el momento que se acercan se intercambian las coronas y se las colocan en la cabeza, posteriormente toman un vaso de vino o de aloja, y se tiran almidón o harina.

Es importante señalar que el topamiento es la reunión que más celebran los riojanos, porque es la forma de lograr que por fin la joven deidad cumpla el sueño de encontrarse con su amor.

TOPAMIENTOS BARRIALES

Con el objetivo de rescatar las tradiciones ancestrales, desde la Municipalidad de Capital desde el 11 ppdo. se llevan a cabo topamientos barriales.
Hoy se realizarán en la localidad El Cebollar a las 13; y en el barrio 4 de Junio a las 16. Asimismo, en el Parque de Vargas se llevará a cabo el topamiento de niños a las 17:30 y a las 19 el de adultos.

NATALIA BARRIONUEVO

La chaya de la cantante se realizará en el barrio Hospital, como hace ya 10 años, hoy desde las 13. Esta chaya es una de las más populares de la Capital ya que cada año cuenta con una importante cantidad de público y artistas. ,
De raza chayera, Natalia espera siempre con ansia esta fecha, ya que la vive intensamente no sólo su chaya, sino la “Chaya”, como ella la define, “la de los barrios la del pueblo, la nuestra”.

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